lunes, 28 de enero de 2008

+ quiza casualmente +

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Los besos repartidos que ella creía destinados a una fugacidad condenada al olvido resultaron ser más que eso. Y no sabe que sucede y no puede discernir con acostumbrada certeza. Pero los labios entreatrapados dicen más que lo que dicen cuando estan separados y lo que no dicen es ese tácito acuerdo de compromiso y libertad. Contradicción sin saber. Supuestamente, sin saber. Pero las miradas complementan el silencio de un tacto sutil, de esa tu manera de pronunciar las palabras, de ser un nuevo pecho y nuevos brazos donde sentir la comodidad. Y no sabemos la temporalidad de lo que supuestamente estaba destinado a ser fugaz. Y las estrellas fugaces son solo mitos. Nos negamos a verlas y entrelazados en una suave diversión sonreímos a la realidad. Nuestra realidad. Las manos corren sin saber y la respiración se vuelve una sola en una dimensión que desconocemos y poco a poco vamos descubriendo. Y me gusta cuando te enojas porque son solo tonterías de saber que algo sincero está sucediendo. Y es que tal vez no lo sea del todo. Pero es así como quiero descubrirte (descubrirnos), sin miedo y llevadera, sin necesidad de sentirnos mal.

sábado, 26 de enero de 2008

+ habitación 105 +

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Inmerso en un silencio peyorativo y con las lunas de los lentes algo nublados, él la mira a ella sentada en el sofá jugando con sus dedos y un vaso de agua. Su brillo se había perdido y ahora sólo quedaba ella y la pena. No podía decirle nada en ese momento, la impotencia de no saber cómo reconfortarla era mayor. Ella por su parte, pensaba en aquel que días antes, sin previo aviso, se había marchado. Como recuerdo suyo tenía, en su vientre, a un niño que llevaría su nombre y su sangre. El niño no tendría padre. Ciega la vista y ciego el corazón roto que no pudo verlo a él, (este otro) de pie frente a ella, verla mover sus dedos con un vaso de cristal. Ella pensó mejor amigo, no estas aquí. Casi leyendo su pensamiento, de la habitación 105 él decidió partir. Con la inutilidad en los labios que no pronunciaron palabra cerró la puerta tras de sí sin arrepentirse de no haberle dicho ven conmigo, yo te haré feliz.

¿Por qué entonces, sin arrepentimientos, sintió su pecho contraído y su cuerpo débil al caminar?

viernes, 25 de enero de 2008

+ trece once cero siete +

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Y como por ahí dicen, la gente gritó más fuerte que lo gritado alguna vez dentro de un estadio de fútbol. Y el sudor de miles de personas se entretejió en un hedor comunal que estuvo lejos de ser desagradable. Los cuerpos se rozaban y se balanceaban a los lados al compás de los sonidos y la perdición mental: el poder volar estando de pie, el cerrar los ojos en medio de un éxtasis musical... Escuchar la voz viva retumbando en los oídos ya no parecía una mentira sino más bien una completa realidad. Palpable con los sentidos: como azúcar en la lengua o como sumergirse en la profundidad del mar. Y pareciera que las ondas distorsionan la materia que conforma la corporalidad: ese extraño desdoblar. Casi como si la profundidad marina me convirtiera en un reflejo de movimiento pendular. VOLTA. El corazón bombea como el sonido de un bombo de nunca acabar. Energía viva como la de un reción nacido. Pupilas dilatadas. Ese sentimiento no de fanatismo, sino de una vivencia real. El sentir especial. Ese sentir y el de muchos otros cantando al unísono de una voz particular. Los sonidos y el sentimiento de pertenencia. No se puede pedir más. Eso parece.

Pero yo pido más.

martes, 22 de enero de 2008

+ I.D.U.R +

Impossible Denial for Unspoken Requests
(A little portrait of those who never get it...

...and never will)


Walking down the street he remembered the times she threw all kind of things in an attempt of hurting him badly. She had discovered, once again, that he had cheated her in the middle of her 20th birthday party. She called him names he had never heard before, insults that seemed to be so harsh and at the same time so true that he didn’t feel offended at all. She said, “you might as well suffer what I’m suffering right now” while she was packing her clothes and walking stormily through the room. She put the underwear after everything else inside her tinny lucky old bag. He thought in asking her if it was possible for her leaving the lucky bag with him, but no request came out of his mouth when he saw her face full of tears when she finally reached the door and looked at him straight into the eyes. It is difficult to swallow words and keep the mouth shut. He though that even if he dared to ask what he most sincerely wanted, a petition quite selfish that he even wasn’t willing to turn into a beg (just to not give her the pleasure), it would have been all for nothing, words gone with the wind, lost chances after inevitable mistakes.

In a second or two, in the meantime she had been packing her clothes he realized a new desire inside himself. He felt like touching her again. Watching her naked. Admiring perfections and missperfections of a given body which he wanted to make his own's beyond some hormonal fact. He could love bodies and fuck them if he wanted: the cheating, the lies. But no fucking was involved at this point. It wasn’t exactly an issue of bodies anymore. He looked back at her and then said nothing.

...What was it then?

He couldn't tell so he waited for her to leave. She opened the door, looked at the front and went away without even closing. And then without knowing what he was supposed to do, he ran after her almost the second after she disappeared from the room. He caught her at the stairs and threw her tinny lucky old bag away. They both looked themselves straight into the eyes. He grabbed her wrist and with a final sincere kiss he made her stay. Just like that. He made her stay.

jueves, 17 de enero de 2008

+ la intersección +

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Y el hombre de negro vio la luz fuera de su apartamento y por primera vez en cinco semanas decidió salir. Se llevó unas cuantas monedas a los bolsillos y bajó las escaleras silbando con paso campante. Una vez cruzada la puerta del edificio su rostro adquirió una expresión sombría. Dio los primeros pasos sobre el asfalto con temor. Escuchaba sus pasos atentamente. Sus ojos eran presa de una mala e inevitable sensación. Y caminaba poco a poco más rápido. Agitado. Apresurado. Como si estuviese a punto de perderse de algo. ALGO. Y de pronto en la oscuridad se detuvo respirando como perro, temblando como conejo enjaulado. Mirando a todas partes nadie aparecía. Las luces de los postes alumbraban una calle completamente vacía. Madrugada en la humedad de una ciudad perdida. El hombre de negro no había visto caras en cinco semanas. Ni su rostro ni su reflejo eran bienvenidos por los espejos y sus pupilas no eran más anfitrionas de imágenes vivas. Y quiso buscar a quien culpar por la repentina falta de luz. Esa su luz que había venido a capturar.

Y se oía a lo lejos la venida de ese fierro. La velocidad galopante. El olor humeante. Y desde la vereda el hombre de negro contempló la intersección. Como hombre enamorado cruzó a paso lento y recordó en su locura asfixiada la vez que cruzó la misma senda cuando aún tenía patética ilusión. Venía de compras, andaba de ida, de vuelta y caminaba. Caminaba en tinieblas, conciente de todo aquello que disgustaba y que avezadamente enfrentaba. Y cinco semanas bastaron para que se sintiera perdido en el mar del sí mismo. Y naufragó como quien bebe de agua salada y sufre de alucinación. Y la luz venía hacia él. Sonaba la advertencia. El fierro. Pero él no se movió. La luz que se acrecentaba le cegó los ojos y con el último parpadeo hecho en la noche, el ferrocarril se lo llevó de encuentro aplastando cada uno de sus huesos en una extraña armonía que sólo su alma en el limbo podía hallar satisfacción. Complacencia. Extraña satisfacción.

viernes, 11 de enero de 2008

+ habitación 104 +

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En la ducha ella rie en juguetones abrazos. Besándole el cuello, él no la aparta de sus brazos. Los segundos parecen no transcurrir cuando ambos cruzan miradas. Por un extraño motivo las risas desvanecen y sólo resta el silencio que enigmáticamente los une a los dos. Casi sin parpadear en un momento de quietud y de sempiterna calidez, ambos juntan sus cuerpos con un dolor interno que no saben comprender. La mano de él impulsivamente palpa el rostro de ella hasta recorrer como gotas que resbalan la piel de su espalda. Ella junta su cabeza a la de él, con una mano le acaricia la mejilla y lo mira como si fuese un niño que no puede perder. En la habitación 104, ambos se besan perdidos en los labios del otro sin risas ni llantos. Ensimismados en un mundo lejano al nuestro,

ellos hacen el amor.

jueves, 10 de enero de 2008

+ vive para contarlo +

... Y es león dormido y espera pacientemente que alguien se le acerque. Que le jalen la melena sin temor. Un amor. Que de un mordisco pueda jugar a ser Dios con el adiós. Y no sabe por dentro que no es bueno para las despedidas. Que quisiera despedirse, despedirla, que quisiera poner fin por fin a la existencia del otro perteneciente a un mundo que sólo cree para él. Y ese león no sabe. Cree saber y juega al azar. Utiliza los dados. No da pasos firmes porque la única vez que estuvo a punto de hacerlo sintió miedo y prefirió ser fierro oxidado a que valerse de aceite para no chirriar. Y esa falta de aceite le hace sentir como león de metal. Una carcocha que duerme y no sabe rugir. No tiene motor dentro y las garras que sobresalen de sus patas no son más temerarias ni peligrosas para quien lo quiera intimidar. ¿Intimidar? Y el recuerdo del aceite que alguna vez tuvo aún huele en su cabellera. Y lo percibe. Y la siente. Y se recuesta sobre el césped para poder olvidar. Para olvidar lo que tuvo y lo que nunca tendrá.

martes, 8 de enero de 2008

+ un enano en crack +

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Tenía toda la plata del mundo y se decía que respiraba otros aires por altivo en carácter y alto en estatura. Un buen día en un callejón de la Calle Pared lo acorralaron y le robaron todo lo que tenía. Andó quince cuadras en calzoncillos con más de trescientos pares de ojos mirándole el miembro y burlándose a sus espaldas y por qué no, en su cara y pecho. La humillación lo terminó por asfixiar y perdió el conocimiento a dos cuadras de un lujoso hotel en el que se alojaba. Pensó que al día siguiente despertaría en un cuarto desconocido pero cálido al menos. Y grande fue su error al ver que aún yacía tirado en el suelo: ahora sin calzoncillos y con la gente caminando a su lado como si fuera un común pordiosero. Y nuestro hombre altivo no sabía de qué estaba hecho el mundo y no sabía en que dimensión desconocida había ido a parar. Y una niña de cabellera negra saltó sobre su pecho y gritaba mamá mamá, esto es muy amusant. Y los zapatitos de charol le abrían pequeñas heridas entre los pectorales. Y la carne viva se infectaba de la suela de sus zapatos. Y el hombre altivo la empujó de golpe y todos de pronto frenaron el paso. Lo golpearon. Cerró los ojos y volvió a morir.

Despertó. Esta vez estaba dentro de una habitación blanca, probablemente dentro de un hospital. En su cuerpo entero tenía escrita la palabra "vegetal". De sus venas salían tubos que lo proveían de almidón. ¿Almidón? ¿Qué lugar es este? ¿En qué lugar estoy? Y la piel se le puso roja. Atizado con el mundo pensó que con sus billetes mataría a cada uno de los responsables. Y frente a un juez se quedó en silencio y sin estribos cuando su acusado había sido él mismo. Él mismo. Y esta vez se vio un tanto pequeño rezongando a las órdenes de una Blanca Nieves propia de 1929. Esa Blanca Nieves que resultaba ser capitalista y que había hecho de él una aplastante zapatilla karmáticamente revertida. Karmáticamente revertida, sí, en esta su ridícula pesadilla.

lunes, 7 de enero de 2008

+ una dama de guerra +

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Y el huracán se la llevó de encuentro arrebatándole el corazón y dejando estragos a su alrededor. Desolación. Sus pupilas habían perdido color como diamantes marchitos y la única ilusión escondida tras rayos verdosos de un iris marrón ahora yacía perdida en retinas de frágil cristal. Vacío. No hay imágenes dulces que recordar ni escenas vivas que capturar. Y como mariposas sus sentimientos se escapan al cielo y llora sin dolor ya sin saber por qué. La diligencia con la que el huracán se despidió revoloteando su cabellera y atormentándole con pérdidas la dejaron hecha mujer de grietas. Y son fisuras que sólo un curandero que aún desconoce logrará cerrar. Y luego ella niega estas palabras. Me sujeta de las muñecas y me atraviesa con esa mirada desencantada. Y es que ella es una dama de guerra y sabe ponerse de pie. Aún con el cabello revuelto y el cuerpo hecho trizas, ella sabe ponerse de pie.

domingo, 6 de enero de 2008

+ piedras verdes +

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Piedras. Verdes piedras que emiten luz. Ella sostiene. Y encadenadas una con otra ella miente. Corporalmente miente. Dice deseo. Con palabras mudas me ama y con movimientos falsos me ata. Me ata a ella. Y esas piedras verdes ocultan su verdad. Son la superficie de una piel falaz. Y ella sonríe de vez en cuando y me invoca. Me invoca como si fuese vapor. Quiere que me haga materia y que sienta, que sienta lo que ella no siente ni sentirá. Y mueve las piedras hacia abajo, hacia arriba. Y me hiela la vista. Piedras verdes color víbora. Y ella encadena y lo sabe hacer. Y soy prisionero y no puedo ver bien. Vapor, ella me dice. Vapor me dice cuando me condena con su piel. Y ella solo cautiva y envenena. Me tira al río y me ahogo en ella. Busco piedras verdes y muero.

Muero.
Sin resistencia.