martes, 26 de febrero de 2008

+ habitación 107 +

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Él estaba aún en el pasillo. Caminando a paso lento por el primer piso se dirigía al ascensor. La puerta de metal se veía a la distancia, pero la letanía de su caminar lo hacía cada vez más consciente de sus pocos deseos de llegar a su habitación.

Dentro sentía un instinto que con susurros y ecos le recomendaban un camino mejor.

El raciocinio le decía que mantuviera el temple pero inútil fueron sus intentos de cordura cuando al pasar por la habitación 107 vio la puerta abierta y a ella esperándolo de pie. Sin decir palabra ella se acercó y de la mano lo llevó dentro de la habitación cerrando la puerta con seguro tras de él. Las palabras de un rebuscado y forzado rechazo no pudieron salir de sus labios en el momento en que ella juntó su pecho con el suyo. Desabotonando los primeros botones de su camisa, ella tomó su mano izquierda y con los dientes le arrebató el anillo dorado que asfixiaba su dedo anular.

(inconsciencia...)

En la habitación de arriba lo esperaba la mujer a quien le había prometido amor eterno y cuyo nombre estaba grabado en el anillo que ahora yacía tirado en el suelo.

jueves, 21 de febrero de 2008

+ al pequeño burgués +

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Un actor. Un escenario. Butacas casi vacías y gente bostezando. Escena número IV. Maurice debía mirarse al espejo e iniciar el discurso existencial. Algo así como la mentalidad esteta buscando camino a la esfera religiosa por entre la duda. El descubrimiento de la no existencia de una personalidad era lo que se debía interpretar. Toses de las falsas y forzadas. Debes ignorar, pensaba. Concentración. Un actor. Podía hasta contar el número de butacas que padecían el sobrepeso corporal de algún susodicho tras el lloriqueo de un agonizante resorte en oxidación. Escena número… El piano empieza a sonar. Las notas pausadas son gotas que caen para un tímpano de sensibilidad. ¿Es que sienten lo que yo siento? Un escenario. ¿Es que entienden lo que una representación busca expresar? Butacas casi vacías y gente bostezando. La puesta en escena no es un reflejo de arte si no se le entiende, si no se le siente. Actuación sin sentido es sólo falsedad. Movimientos premeditados, rostros fingidos, palabras memorizadas no son más que pedazos de una realidad hipócrita y pretendiente para un público inerte alimentado de incredulidad…de automaticidad y detrimento inevitable. Escena número…escena número IV. Maurice debía mirarse al espejo y lo hizo no actuando, sino con la naturalidad de una repentina privacidad. Su rostro es flor marchita. Sin guión, no tiene mensaje. Sin público que atisba, no tiene vida que dar. Los pétalos caen y el telón también. La función no culmina.

La poca gente se queda, pero Maurice sin darlo todo se va.

domingo, 17 de febrero de 2008

+ tomando dos sitios +

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¿Cual es tu historia? ¿Cuál tu tristeza? Los jueves son días de documentales. Llegas un poco tarde pero llegas sin falta. Los viernes son días de cine independiente. Ya no vienes. Pero los domingos sueles venir ocasionalmente; acaso porque una vez la encontraste sentada en la primera fila con esas gafas de inimaginable medida y con el cabello a duras penas recogido, casi como si recién hubiese despertado, casi como después de haberle hecho el amor en el momento preciso y en el lugar menos indicado. Te sentaste tres sitios detrás de ella tan sólo para observarle el cuello y forzar tu sentido de olfato. Adivinanzas y acertijos se te ocurrían durante la función y deseabas poder susurrarle alguno de ellos al oído. Dos veces ella volteó el rostro sin saber exactamente qué buscar o qué ver. No notó tu presencia pero tu sí estudiaste ese movimiento de su cuello, la intuición femenina, la duda, la curiosidad de un felino que de tantas vidas no muere. Cual era su historia, cual eran sus sueños no lo sabías. Sabías que con ella algo tendrías, que detrás de esas gafas estaba la chica que seguramente alumbraría algunos de tus días. Lo sabías. Sólo algunos. Efímera compañía.

Ella se viste frente a ti y ya no sonríe como los primeros días. Efímero fuiste tú para ella. Ni detrás de sus gafas alguna lágrima tímida se esconde. No se le aflige el pecho y por eso, sin dificultades, ella supo decirte adiós. Los destellos de recuerdos te azotan en un desmedro de nunca acabar. Reconoces en tu sorpresa que no había tiempo definido para ella. Que lo pensaste, que lo quisiste. Sin embargo, tiempo fuera. No más el desliz de un aroma que recorre un cabello que se va soltando. No más el narcótico después del amor. De hacer el amor, tan sólo con ella.

¿Cuál es tu historia? ¿Cuál tu tristeza?
Sentado en la misma butaca, esperas. No hablas con nadie.

Tan solo (la) esperas.