sábado, 16 de agosto de 2008

+ así fue como debio pasar +

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Pero lo que debió haber hecho ni bien colgó el teléfono era salir de ese lugar como sea. Aprovechando lo que quedaba de luz del día, debió salir corriendo en busca de un carro cualquiera. Sabía que una amiga vendría pronto, que su papá la estaba trayendo en carro. Pudo haberle pedido que por favor la sacara del local, que la llevara a un lugar transitado, que pudiera encontrar una avenida cualquiera donde se pudiera embarcar. Y debió haber dado la dirección del lugar del encuentro a ese taxista, decirle que se apure, que no quiere llegar más tarde de las seis. Que quiere ser ella quien lo espere en alguna banca, que sea ella quien lo abrace y le diga lo que siente sin un orgullo que la retenga y se dedica a esperar. Que le haga sentir que nada se ha quebrado. Que la torpe discusión inicial fue sólo eso, una torpeza, un malentendido. Que dentro de los abrazos las dudas no existen, que los besos lo son todo y el sentimiento uno solo. Que debió aprovechar toda esa noche de libertad para pasarla a su lado, que debió regresar a casa un poco tarde y preparada para un buen requintón. Que asumir el disgusto de un papá sobreprotector ya era lo de menos y que el haber solucionado el problema entre los dos habría sido lo mejor. Que no importaba que hubiera sucedido después, si la relación no funcionaba, si alguien se confundía, si el querer se terminaba, si ya no había más que hacer. Importaba que en los momentos cruciales se vieran a los ojos y se dijeran lo que sentían, si uno estaba molesto, si otro dudaba o si uno lo quería más que ayer. Importaba que solucionaran las diferencias en el momento indicado. Que los segundos no iban más rapido que la mala suerte de dejar pasar el momento, o dejar la solución para después. Que el momento para decir lo que sientes es siempre ahora, que tal vez las palabras no sean suficientes o que tal vez lo que hagan falta sólo son las miradas y un tacto sutil. Que no se necesita más que eso para decir un te quiero. Que todo puede ser más sincero si tan sólo dejáramos al resentimiento partir.
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